Chilenos apuestan por diseñar una experiencia futurista en los 70’

December · 2014

Lo que nos parece extraordinario de este proyecto, no es sólo la estructura de comunicaciones en red con una central que procesa datos para la toma de decisiones críticas, lo que a simple entendimiento es lo revolucionario, sino como Chile fue capaz de articular un proyecto extremadamente futurista, donde el diseño parece ser lo central.

El proyecto Cybersyn, fue la aspiración chilena de planificación económica dirigida en tiempo real, que se llevó a cabo entre 1971 y 1973. Consistía en una red de máquinas que comunicaba a las fábricas estatales con una central que monitoreaba datos y simulaba posibles escenarios en diferentes condiciones.

Este proyecto forma parte de uno de los capítulos más ambiciosos y poco conocidos de la historia de Chile. El 2013, La académica norteamericana Eden Medina escribe el libro “Revolucionarios Cibernéticos. Tecnología y política en el Chile de Salvador Allende”, mientras desarrolla su tesis de doctorado en MIT, iniciativa que rescata a este proyecto y lo ha revalorizado hoy como uno de los pioneros y fundacionales en el abastecimiento y uso de datos computacionales para el uso de gobiernos y grandes empresas.

La historia comienza en 1970, cuando un grupo de expertos, liderados por Fernando Flores, en ese entonces Director General Técnico de CORFO, se les asigna la responsabilidad de la coordinación entre las empresas nacionalizadas y el Estado. Para enfrentar este desafío, Flores, quien estaba al tanto de las teorías y las soluciones propuestas por Stafford Beer, invita al británico a implementar en Chile el Modelo de Sistemas Viables, VSM.

Comienza el desarrollo del proyecto Cybersyn en el Chile de 1971. Beer intenta instaurar su modelo, planteando establecer un sistema conductivo electrónico en la sociedad chilena, para que todos sus elementos estuvieran enlazados por una red de comunicación nacional. A futuro, esto ayudaría a la igualdad. Así lo han descrito medios como The Guardian y el Newyorker.

 

Visión revolucionaria

Alfonso Gómez, Rodrigo Walker, G. Cintolesi, Fernando Shultz. Atrás: Gui Bonsiepe, Pedro Domancic, Werner Zemp, Gullermo Capdevila.

El diseño de la sala donde se desarrolló el proyecto estuvo a cargo del alemán Gui Bonsiepe, profesor de la Escuela de diseño Ulm, considerada una progresión de la Bauhaus, quién incluyó en su equipo a los diseñadores chilenos Rodrigo Walker, Alfonso Gómez y Pepa Foncea, entre otros. Bajo los principios de la Gestalt, buscando no tener esquinas formales para lograr mejor la comprensión de información y la comunicación entre las personas que lo usaran, se distribuyeron sillas giratorias ubicadas en un círculo dentro de un espacio hexagonal, donde se desplegaban una pantalla llamada Futuro, en la que se mostraba un simulador de la economía en diferentes condiciones, un modelo del VSM, pantallas de reportes de excepción en tiempo real y otra de Datafeed para la exhibición de datos económicos actuales. Se prohibió el uso del papel y de mesas de apoyo.

 

Debido a lo revolucionario del proyecto, y al no tener precedentes en Chile, se diseño  un plan que incentivara los a trabajadores de las fábricas a usar las máquinas de datos dándole un significativo sentido, así los mensajes a través de la música, el arte muralista y películas, se proyectan como parte de una estrategia para reforzar el sentido social y cultural de esta iniciativa.

Si, bien es cierto, el proyecto nunca pasó de ser un prototipo, y de no avanzar en todas sus etapas proyectadas por encontrarse con una burocracia que aún no estaba preparada para ser reemplazada, sus principios han sido reconocidos como fundamentales para el monitoreo de datos complejos, y la propuesta de Stafford Beer es un referente para las nuevas industrias y organizaciones que controlan sus abastecimientos desde los datos que entrega un computador.

Para nosotros, este proyecto cobra especial sentido cuando evaluamos posibilidades para nuestros proyectos y clientes. Hemos tenido el privilegio de trabajar para Fernando Flores y Rodrigo Walker, de quienes hemos aprendido que se requiere de valentía y coraje para visionar escenarios donde la tecnología nos permite proponer nuevas formas de relacionarnos y comunicarnos.

 

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